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Yakov y la Estrella del Guardián

  • Foto del escritor: Alvaro Panzitta
    Alvaro Panzitta
  • 2 jul 2019
  • 4 Min. de lectura

Yitzhak se casó con Rivqa y tuvieron dos hijos: Esav y Yakov. El primero, que era cazador, volvió un día sin haber obtenido ninguna presa, y le pidió a su hermano un plato de lentejas. Éste aceptó a cambio de obtener la primogenitura, con la cual heredaba también la vara de Noah, pasada por Ibrahim a su padre. Cuando Yitzhak quedó ciego, envió a Esav a cazar para compartir la comida juntos y recibir su bendición. Rivqa, que temía que su primogénito echara a perder la tradición, familiar, mató dos cabritos y animó a Yakov a hacerse pasar por su hermano. Éste accedió, pero como era el lampiño de la familia, se cubrió de lana para que su padre lo confundiera, y así recibió la bendición.

-Huye a lo de tu tío, Labán porque tu hermano no dudará en matarte -le dijo su madre-. Mientras estés allí, su furia irá desvaneciéndose y tú podrás conseguir una buena esposa.

Esav envió a su hijo Elifaz a matar a Yakov, porque era una excelente arquero, al igual que su madre, una renombrada Elfina. Él pensaba que aún desde lejos, con sus flechas podría matarlo. El sobrino le pidió a diez de sus tíos maternos que lo acompañaran, y alcanzó al hermano de su padre en Siquem.

-Toma todo lo que tengo, pero perdóname la vida y Elohim no tendrá en cuenta este hurto, tú no me robas, yo te lo doy -suplicó Yakov.

Elifaz le perdonó la vida y se llevó todo lo que su tío tenía, dejándolo a penas con un taparrabos. Su compasión enfureció a Esav, pero salvó al perseguido, que camino a Harán creyó ver una escalera al Cielo y oyó a Elohim que le decía:

-Habrá muchas bendiciones para ti y tu descendencia. Desde ahora serán guiados por los Guardianes de Arreit, que son a mi Imagen y Semejanza, aunque no son quien Soy. No teman, no los dejaré solos.

Cuando llegó a las tierras de su tío, conoció a su prima más joven, Raquel, y quedó profundamente enamorado de ella. Luego de un mes de vivir con sus familiares, pidió su mano a Labán a cambio de siete años de trabajo pesado en el campo, y su tío accedió. Pero una vez transcurrido el tiempo, la noche en que debían consumar el matrimonio, el padre de las jóvenes cambió a Raquel por su hermana Lea. En la oscuridad, Yakov no pudo reconocer con quien hacía el amor, y a la mañana se estremeció de estupor por aquello. Cuando se quejó a su tío, éste le dijo que en su tierra era inaceptable que la menor se casa antes que la mayor, por lo cual, si quería a Raquel, debería trabajar siete años más para él. Una vez casado con ambas, él despreció a la primera para estar sólo con la segunda, pero una estrella surcó el cielo y una paz inundó su corazón, comprendiendo que tenía que hacerse cargo de ambas y de sus hijos.

Lea fue madre de Reuven, Shimon, Leví, y Yehudá, antes de partir al desierto. Raquel, viendo que al parecer no podía tener hijos, le pidió a su esposo que se uniera con su sirvienta, Belha. Así nacieron Dan y Neftalí. Lea también se puso celosa y quiso tener hijos de su propia sirvienta, Zilpa, que fue madre de Gad y Aser. Lea volvió a quedar embarazada y fue madre de Isacar, Zabulón y Dina. Cuando Raquel finalmente dio a luz, tuvo dos hijos: Iosef y Binyamin.

Iosef nació al mismo tiempo que su padre anhelaba volver a su tierra. Pero Labán, viendo cuán bendecido había sido su yerno, le pidió que se quedara y le dio ganado como sello de aquel pedido. Pero conforme pasaron los años, el anciano adoraba cada vez más las figuras de los antiguos Titanes y su conducta pacífica había cambiado por aguerrida. Entonces la Estrella del Guardián surcó los aires, y Yakov sintió que era tiempo de partir.

Labán insistía en que se quedaran, pero la relación se volvía tan desafiante como asfixiante, lo que dio por resultado una huida silenciosa una vez en la que todos los demás se habían ausentado. Antes de partir, Raquel robó los ídolos de su padre -unas estatuillas con ciertas hierbas alucinógenas en su interior-, convencida que era lo que más mal le hacía a él y a sus hermanos. Todos partieron a la tierra natal de Yakokv, y fueron perseguidos durante siete noches hasta ser alcanzados por sus parientes. Pero el atardecer previo al encuentro, la Estrella volvió a surcar el cielo y esta vez el que sintió la advertencia fue Labán.

-No te haré daño porque Elohím te protege a través de sus guardianes, aunque pienso que deberías haberte quedado, y no huir con mis hijas y nietos. Ahora ¿por qué has robado mis ídolos? Eso no lo entiendo.

Yakov no sabía lo que su esposa había hecho y dejó que buscaran a las estatuillas, diciendo que el ladrón sería penado de muerte. Pero Raquel supo esconder a las falsas deidades, y todos quedaron en paz. Partiendo Labán a su tierra y su yerno a la propia. Raquel se deshizo de los ídolos cuando tuvo la oportunidad, y eso fue una gran bendición para su familia paterna.

Yakov vio Comodines que le marcaban el camino de regreso a su tierra y avanzó. Envió mensajeros delante de él para avisarle a su hermano que estabs de regreso, pero éstos regresaron con una terrible noticia: Esav había formado un ejército de cuatrocientos hombres e iba a su encuentro para acabarlo.

Yakov imploró a Elohim que protegiera a él y a su familia e incineró todo ídolo que su gente llevara consigo, jurando lealtad al único Dios. Una estrella descendió del cielo, una roca de seis puntas, y cayó sobre el implorante sin destruirlo. Yakov se sacudió, como si peleara, y una a voz le dijo "desde ahora serás Yisrael".

Sabiéndose bendecido, Yakov se encontró con su hermano y llegaron a un mútuo acuerdo, por el cual no combatieron sino que se reconciliaron.

Yakov se estableció un tiempo en Sucot y después partió a Efrata, donde Raquel falleció dando a luz a su segundo hijo: Beniamin.

Y en Beniamin se renovó la historia.

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